Sundance 2021: MOTHER SCHMUCKERS, una comedia absurda y negrísima

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La comedia absurda/negra Mother Schmuckers (Fils de plouc, 2021), ópera prima de los hermanos belgas Harpo y Lenny Guit, inicia con unos zopencos cocinando en un sartén lo que parece ser un pedazo de mierda. Aunque estos jóvenes hermanos, Issachar (Maxi Delmelle) y Zebulon (el propio Harpo Guit), aseguran que es merguez. La peste en la cocina propicia que su mamá (Claire Bodson) vomite directamente a la cámara, del vómito surge el verdoso título de la película. Con un inicio así, es fácil saber qué tipo de humor maneja esta propuesta, no obstante, Mother Schmuckers llega a lugares completamente inesperados… y, en más de una ocasión, jodidos. 

Esto se debe en gran medida al estilo narrativo de los Guit. A partir de que su mamá les pide a los siempre hambrientos hermanos sacar a pasear al consentido de la familia –su perro Jacques-Janvier (Fresco), o January Jack en la traducción al inglés–, Mother Schmuckers se convierte en uno de esos filmes en los que pasa algo diferente a cada instante. Los despistados hermanos apenas libran un problema cuando se meten en otro. Saltan de personaje secundario a personaje secundario, luego inesperadamente se reencuentran con otro. Y si no hay nadie más a su alrededor, pronto comienzan a pelear entre ellos mismos.

El estilo juguetón y juvenil de la película va de la mano con esto, trata de ser dinámica usando la cámara en mano –incluso, desde la perspectiva del perro– y con algunos detalles en su edición. El mejor amigo de Issachar y Zebulon, Choukri (Habib Ben Tanfous), es un mago y cineasta amateur que siempre carga una videocámara –que termina por sumarse a los varios puntos de vista de la película– y suele aprovechar si algo llamativo sucede en la calle para robarse tomas al más puro estilo del cine de guerrilla (su “filme” completo es el chiste post-créditos). Mother Schmuckers comparte ese espíritu, no tiene un look amateur pero podría apostar a que los Guit obviaron los permisos de filmación, las miradas de los transeuntes ante sus idioteces los delatan. 

La trama sigue a los protagonistas después de que pierden a Jacques-Janvier, su madre no los perdonará y tienen que encontrarlo sí o sí. Uno de los mejores gags presenta a la mamá enojada no sólo porque perdieron al perro, sino porque no lo habían notado hasta que ella se los hace notar. “Sí nos dimos cuenta de que lo perdimos, mamá, ¿crees que somos tontos?”, mienten los hermanos. Humor absurdo basado en su idiotez. Es un ejemplo de cómo la película olvida lo del can, porque los sucesos no se detienen. Ahí está, por ejemplo, cuando los hermanos son vigilados por un policía (Yannick Renier) por cargar un arma; la madre ya no quiere trabajar como prostituta y su jefa (Chaïda Chaddy Suku Suku) anda tras ella; un tipo obeso (Tony D’Antonio) tiene una fijación en la mamá; y el mencionado cineasta amateur busca a un conocido (Tom Adjibi) que podría prestarle un carro para filmar su película.

Es común tener altibajos cuando tu narrativa es tan episódica y está plagada de ocurrencias. No todos los gags funcionan igual en Mother Schmuckers. La única consistencia está en el compromiso de los Guit con la comedia, no negra sino negrísima. A lo largo del metraje se asoman temas como la ruptura familiar: “ya no sé si los quiero”, dice la madre a los protagonistas. Ellos poco a poco se muestran más afectados porque parece ser cierto. Sin embargo, Mother Schmuckers siempre apuesta por el gag y lo absurdamente retorcido. Me reí y mucho, incluso cuando se tocan temas como la zoofilia –¡en una secuencia hilarante, pirada y satisfactoria!–, el consumo de carne de perro, y la necrofilia.

Mother Schmuckers no es para todos, yo estaré atento a los hermanos Guit, nuevos exponentes a seguir de la comedia absurda y negra.