EARWIG AND THE WITCH: La magia de Ghibli se expande al CGI

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Los años pasaban y el influyente Studio Ghibli parecía no estar interesado en usar la animación por computadora, cuyo primer gran éxito cinematográfico, Toy Story (1995), pasa del cuarto de siglo. Su más reciente trabajo, Earwig and the Witch (Âya to majo, 2020), finalmente marca su debut en este tipo de producción que Hollywood, de la mano de Pixar, convirtió en norma.

“Hayao Miyazaki e Isao Takahata [fundadores de Studio Ghibli] no sentían que el CGI era una herramienta necesaria para plasmar su visión”, reveló en entrevista Gorô Miyazaki, hijo de Hayao y director de Earwig and the Witch, “en Japón, la animación dibujada a mano se mantiene fuerte, pero si miras lo que sucede globalmente, se están haciendo muchas animaciones por computadora. El productor y yo sentimos que era un buen momento para tomar el reto y entrar al mundo del CGI.”

Earwig and the Witch, basada en la novela homónima de la británica Diana Wynne Jones, es protagonizada por Erica Wigg –o Earwig–, una niña que vive en un orfanato inglés. Fue llevada al lugar siendo bebé por una mujer pelirroja, quien era perseguida por sus colegas brujas. En el presente, Erica es feliz en la institución, donde se caracteriza por su liderazgo y por ser un tanto manipuladora, le encanta el pastel de carne y, curiosamente, hace lo posible por evitar ser adoptada. 

La situación cambia cuando un par de extraños personajes –la bruja Bella Yaga y el demonio Mandrake– eligen a la protagonista sin importar su disgusto. A Erica le esperan arduos trabajos como ayudante de la bruja, además de decepción: preferiría aprender magia, no sólo recolectar y alistar los ingredientes para los encantamientos. Eventualmente, con la ayuda de un gato negro parlanchín llamado Thomas, Erica tratará de preparar ambiciosos hechizos que le permitan adelantarse a la bruja. 

Los elementos fantásticos son recurrentes en los mundos de Ghibli. Para Gorô, “tener brujas y usar magia en una historia es muy conveniente, puedes contar una historia que sea cautivadora tanto narrativa como visualmente. Puedes hacer cualquier cosa si explicas que es magia. Hay mucho ingenio, hace que la narrativa se expanda, al mismo tiempo debes ser cuidadoso y no usarlo en exceso, de lo contrario puedes abaratar el relato. En Kiki: Entregas a domicilio (Majo no takkyûbin, 1989), por ejemplo, limitamos la magia a que ella puede volar en un palo de escoba. En Earwig and the Witch también nos aseguramos de no depender tanto de la magia”.

Earwig and the Witch retrata un período de crecimiento y adaptación para Erica, es ciertamente un coming-of-age, esto la conecta con los otros dos largometrajes de Gorô Miyazaki: Cuentos de Terramar (Gedo senki, 2006) y La colina de las amapolas (Kokuriko-zaka kara, 2011). De acuerdo con el realizador, “al contar la historia del crecimiento de alguien, en lugar de la de alguien perfecto o consagrado, podemos ver las posibilidades a futuro. Para mostrar que hay esperanza, es necesario contar la historia de crecimiento. También se relaciona con el hecho de que la animación tradicionalmente comenzó como algo para niños, entonces aquí está el elemento narrativo de contarle una historia a un niño”.

En Earwig and the Witch hay un trasfondo misterioso: una banda de rock, llamada Earwig, conecta el pasado de la protagonista –y a la mujer pelirroja– con su presente. “Cuando leí la historia original, dice que la mamá de Earwig está siendo perseguida por las brujas porque las ha hecho enojar”, recordó Gorô, “imaginé que en el mundo de las brujas deben existir ciertas reglas o tradiciones y, probablemente, la mamá las rompió y por eso es perseguida. Pensé en la mamá como una persona rebelde, el rock simboliza la rebelión. Entonces, que unas brujas formen una banda de rock es inusual, pensé que sería divertido e interesante hacer esto. Si bien debes provocar emociones en la audiencia por medio de la historia, la música respalda una película de muchas maneras, puede hacer que el público se emocione si la usas correctamente”.

Si bien el legendario Hayao Miyazaki aparece en los créditos de Earwig and the Witch como organizador del proyecto, la realidad es que su injerencia fue prácticamente nula. “Me concentré en evitar que interfiriera”, explicó Gorô entre risas, “cuando hacemos animación a mano, él da consejos y sugerencias a los animadores. Pero en esta ocasión, dado que trabajamos con animación CGI y 3D, él no entendía nada, entonces fue algo positivo mantenerlo alejado de nosotros. Eso nos dio vía libre para hacer lo que quisiéramos”. 

Gorô Miyazaki también dirigió la primera serie de televisión de Ghibli (Ronja, the Robber’s Daughter, 2014-2015), por ende consideró que en el estudio lo “retan con las nuevas cosas a propósito, para ver si funcionan. Soy algo así como el sacrificado [risas]”. Una vez que asumió el importante reto de incursionar en el territorio desconocido del CGI notó que “comparado con la animación a mano, la animación por computadora requiere de más trabajo. El proceso de supervisión es más tardado, tienes que checar cada pequeño movimiento en pantalla, mirar la misma secuencia y el mismo corte una y otra vez. Es muy cansado para los ojos”.

Gorô y Ghibli eran realistas respecto a sus alcances: “Pixar es en la animación CGI lo que Tesla es en los vehículos eléctricos. Lo que nosotros estamos haciendo aquí son bicicletas con baterías. Existe una gran diferencia.”

Earwig and the Witch se estrenará en Estados Unidos –3 de febrero en cines selectos, 5 de febrero en HBO Max– con la esperanza de destacar en la próxima temporada de premios.