Sundance 2021: KNOCKING, cine de género con subtexto social

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Todos los cineastas introducen sus películas antes de cada función virtual de Sundance 2021. La sueca Frida Kempff, responsable de Knocking (Knackningar, 2021), habló sobre sus antecedentes fílmicos. Hasta ahora había desarrollado su carrera en el género del documental, siempre interesada por los asuntos sociales. Decidió debutar en la ficción con Knocking, basada en la novela homónima de su compatriota Johan Theorin, porque vio la oportunidad de hacer un filme de género con relevancia social. Uno que buscara reflejar en pantalla cómo las mujeres son tratadas, e injustamente juzgadas, por la sociedad actual. 

Este tipo de cine de género ha sido etiquetado como una nueva ola de “arthouse horror” desde mediados de la década pasada. Knocking cumple con las características que los medios más mainstream clasifican como “elevated genre”: películas con un desarrollo familiar, cuyo significado subyacente las “eleva” por encima del promedio. 

Molly (sobresaliente Cecilia Milocco) ha pasado el último año de su vida en un hospital psiquiátrico. Al inicio de Knocking entendemos que un trauma deterioró su salud mental, su mente regresa constantemente a un día en la playa que compartió con su pareja Judith (Charlotta Åkerblom), cuya ausencia marca el presente de Molly. No obstante, todo parece estar mejorado. Es tiempo para que la protagonista deje el hospital e intente rehacer de a poco su vida, empezando con un nuevo departamento. 

Knocking usa un escenario y desarrollo clásicos en el cine de género con trasfondo psicológico y paranormal. Aunque, aquí, lo sobrenatural nunca tiene cabida. Es una de esas películas donde el personaje central es el único que nota que las cosas raras a su alrededor, nadie más entiende de qué está hablando. No suele faltar el momento en el que, exactamente cuando alguien decide prestarle la atención necesaria, el suceso extraño no se hace notar. Por supuesto, el protagonista cae en desesperación, duda de sí mismo, va perdiendo la cabeza.

La palabra “ayúdenme”, pintada en el elevador del nuevo edificio de Molly, es la antesala de lo que vendrá. Un golpeteo en el techo de su departamento empieza a alterar el proceso de adaptación de la protagonista. Lo más lógico sería que un vecino esté golpeando su piso, aunque éste lo niega: “alguien debe estar haciendo reparaciones”, asegura. Una de las indicaciones del doctor de Molly es que intente volver a hacer lo que le gustaba. Hay, por ejemplo, una escena en la que la vemos disfrutar de una canción y un trago mientras baila tranquilamente… hasta que el golpeteo inicia otra vez. 

Mientras una ola de calor azota Europa, Molly comienza a sospechar que quizá los golpes no son aleatorios. ¿Podría ser un mensaje en clave morse? ¿Alguien necesita ayuda? ¿Alguno de los vecinos esconde algo? O, ¿todo está en su cabeza?

Knocking juega con esas posibilidades, por ejemplo, en una secuencia vemos a Molly descalza en la calle, una evidencia de cómo su salud mental se deteriora. Otros incidentes incrementan sus sospechas, como la pelea entre una joven pareja que vive en uno de los departamentos superiores. Molly está convencida de que la mujer sufre violencia doméstica, llama a la policía pero, en apariencia, se equivoca otra vez. 

Las cosas se intensifican, su mente le juega más malas pasadas (es notorio que Molly dejó de medicarse), una mancha en el techo que había limpiado sin problemas reaparece cada vez más grande. Su historia va pareciendo menos probable y paranoica a los demás. Sin embargo, siempre hay algo que reafirma su convencimiento de que una mujer está en peligro y necesita su asistencia –el ruido pasa del techo al baño, de golpeteos a sollozos, luego a gritos de ayuda–. 

La actuación de Milocco es el elemento más fuerte de Knocking. Una de sus secuencias más notorias es un intenso breakdown –con tomas POV revertidas, logradas con una SnorriCam–, que rompen con la forma y el ritmo que había propuesto la película, representando en pantalla el clamor desesperado de no ser escuchada, es un colapso total. Knocking busca traducir al lenguaje cinematográfico un trastorno mental, un trauma ligado a la pérdida que llega al punto de no retorno. 

El filme es efectivo por momentos. Su último giro de tuerca –un guiño a su protagonista– coincide con lo que subyace a lo largo del relato y a lo mencionado por Kempff en su introducción. No es coincidencia que Molly sospeche de los personajes masculinos: “believe women” –créanle a las mujeres– es un grito intrínseco a la actualidad del mundo y a la película.