Fantasia 2020: LA DOSIS, un thriller a medio cocinar

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La principal preocupación del filme argentino La dosis (2020), ópera prima de Martín Kraut, es lo que ocurre en el área de terapia intensiva de una clínica, donde tu vida se encuentra en las manos de otros. No por nada en la primera secuencia, vemos al enfermero protagonista, Marcos (Carlos Portaluppi, de destacada interpretación), salvando la vida a una mujer mayor que los médicos habían declarado muerta. El sentir hacia la acción de Marcos (considerada fuera del protocolo) es sarcástico: “felicidades, le diste sólo unos días más de vida que le costarán a la clínica medicamentos y espacio”. 

Los doctores mantendrán la mentalidad de que es un caso perdido por el que no vale la pena luchar. Más tarde veremos al propio Marcos inyectarle en secreto “la dosis” a la recién revivida (siempre inconsciente) para que, ahora sí, pueda descansar en paz. En esta clínica, las decisiones de vida o muerte son tomadas por aquellos que, en teoría y sin importar sus motivaciones, no tendrían ningún derecho a hacerlo: los enfermeros. 

Este subtexto, que sin duda se deriva de un tema complejo como la eutanasia, lleva a La dosis al terreno del thriller cuando introduce al otro protagonista: Gabriel (Ignacio Rogers), un enfermero joven que se incorpora a la clínica como compañero de Marcos. Aunque el nuevo insiste que es su primer trabajo de estas características, algunas de sus acciones reflejan lo contrario. Conforme avanza la trama, Gabriel se erige como el clásico personaje creep, ese que actúa de manera extraña y le provoca desconfianza a Marcos, quien obviamente empieza a sospechar de las intenciones del joven. 

Ambos protagonistas de La dosis tienen algo que esconder: las decisiones que se han atrevido a tomar para determinar el destino de varios pacientes. Eventualmente, se hace evidente la diferencia entre ellos, con el joven Gabriel siempre del lado más siniestro del asunto. Él puede complacer a un paciente consciente que quiere morir o darle su “dosis” en plan vengativo a una malhumorada mujer que estaba a nada de ser dada de alta. Gabriel es el antagonista, sin embargo, las cuestionables acciones de Marcos, ciertamente, nos impiden verlo como un “héroe” (en Argentina sólo se permite la eutanasia pasiva). 

La dosis nos hace pensar que esto es más un thriller psicológico, donde Marcos empieza a ser presa de la mala vibra (y de esa casi omnipresencia muy creepy de Gabriel) y su mente le juega algunas malas pasadas. Por supuesto vamos descubriendo el pasado de Gabriel, por ejemplo, nos enteramos de su conexión con otro hospital y todo apunta a la revelación de una agenda que podría ser impactante: ¿es sólo un tipo pirado que quiere jugar a ser Dios o hay algo detrás de sus acciones? Al mismo tiempo, las autoridades inician una investigación ante la atípica cantidad de muertes que han ocurrido en la clínica. 

Se debe agradecer que, a diferencia de otros exponentes del género, La dosis evita los típicos giros dramáticos. Aunque, es imposible no pensar que se trata de una de esas películas con varias oportunidades desaprovechadas. Más allá de una ejecución cuestionable (ahí está por ejemplo la secuencia poco efectiva del accidente vehicular que convierte a Marcos en paciente de su clínica, un escenario prometedor), es la resolución como tal la que carece de contundencia. Con todo y su sinestro aire homoerótico, los cabos sueltos nos dejan con una sensación de frialdad.