Fantasia 2020: MORGANA, porno para desafiar los roles sociales

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La protagonista del documental Morgana (2019) –parte de la programación del Fantasia International Film Festival, aunque también se pudo ver recientemente en la edición virtual del Festival Internacional de Cine Monterrey–, desafía en más de un sentido los roles que la sociedad impone.

Los conflictos de Morgana Muses tienen mayor resonancia en tiempos actuales, cuando es cada vez más común que las mujeres se identifiquen con el feminismo. Ella creció al sur de Australia, en Coober Pedy, marginada de la sociedad y cumpliendo con expectativas ajenas. Su madre, por ejemplo, se preocupaba cuando parecía que su hija no tenía a ningún pretendiente que fuera a pedir su mano. Aunque, eventualmente, Morgana aceptó el rol de la mujer tradicional, de la mujer dócil: contrajo matrimonio, se convirtió en madre y su hogar representaba ese perfecto sueño suburbano… aunque todo era mera apariencia. 

El momento crucial en la vida de Morgana, a sus 47 años, parece sacado de una película como Dogs Don’t Wear Pants (Koirat eivät käytä housuja, 2019). Tras ponerle fin a un matrimonio por demás infeliz (en la relación no había ningún tipo de contacto, ni físico o, mucho menos, emocional), su soledad y depresión la llevaron a planear su último día en este mundo: una cita con un escort que culminaría en tener sexo por primera vez ¡en 12 años! Una despedida magna porque estaba lista para quitarse la vida. Sin embargo, Morgana se reencontró con ese contacto humano que necesitaba y le regresó la vida. Posteriormente, la experiencia con el escort le sirvió como fuente de inspiración para su inesperada incursión en el cine pornográfico, donde funge como escritora, directora y actriz. 

La represión suele provocar una liberación especialmente poderosa. En ese sentido, el cine porno de una mujer que comenzó a masturbarse hasta los cuarenta, representa mucho más de lo que nos podríamos imaginar. Es una expresión artística genuina porque nuestra protagonista básicamente comparte su vida personal por medio de imágenes (sexuales) en movimiento. Es considerado porno feminista porque cristaliza gustos y fantasías de una mujer y, por naturaleza, rompe con los roles de género. Para Morgana es una manera de reafirmarse como mujer, de recuperar confianza a través de una tardía, pero no por eso menos importante, liberación sexual.

En nuestro contexto, resulta significativo y atípico que una mujer de 47 años, divorciada y madre de dos hijas, filme un close up de una vagina, sexo interracial con pasteles o una de esas fantasías de sumisión y violencia siempre controversiales (que en este caso involucra su fijación con los cuchillos). Es un acto que, más allá de alejarse del conservadurismo, desafía la norma gracias a su subtexto: el placer sexual no tiene fecha de caducidad, la edad no importa, la belleza tampoco (Morgana llegó a pesar alrededor de 120 kg). 

En uno de los momentos de mayor empatía en el documental, Morgana charla con una joven pareja joven tras presentar su trabajo en un festival de cine porno en Alemania. Los chicos saben que un día también envejecerán pero gracias a los filmes de Morgana tienen más presente que hay vida y disfrute más allá de la juventud. Morgana misma revela que, después de desear el suicidio, está viviendo sus mejores días, los de mayor libertad, autoconocimiento y, claro, goce. Nunca es demasiado tarde, en efecto. 

El documental –dirigido por Josie Hess (quien también es parte de la compañía de cine erótico de Morgana, Permission4Pleasure) e Isabel Peppard– también es una mirada pertinente a los problemas de salud mental. A pesar de que conocemos a Morgana en uno de sus puntos más altos –con películas premiadas, fanáticos que conectan con ella profundamente y un hogar feliz en su adoptiva Alemania, tras el natural rechazo de su madre a su nueva profesión–, posteriormente veremos cómo la depresión afecta su vida.

El documental, tan personal como las propias cintas de Morgana, logra capturar a la perfección la compleja vida de una mujer que ha sido diagnosticada con depresión clínica y bipolaridad, una que desde muy jovencita tenía tendencias suicidas. Esa increíble vuelta de tuerca (de querer matarse a convertirse en pornstar) no es garantía de nada (el porno “artsy” no es para nada rentable), aunque la influencia positiva de Morgana es innegable en su público. Sólo queda desear que, de la mano de su porno personal e inspirador, de su cine más experimental y con conciencia (ha filmado precisamente sobre la salud mental y la importancia de entenderla), además de un trabajo más estable en una sex shop de Melbourne, Morgana encuentre día tras día un motivo para seguir adelante.