TITANES DEL PACÍFICO: LA INSURRECCIÓN: Extrañando a Guillermo del Toro

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La original Titanes del Pacífico (Pacific Rim, 2013) bien se pudo desarrollar al comienzo de la llamada guerra Kaiju, sin embargo la trama central daba inicio 12 años después, una vez mostrada una secuencia importante que ocurrió en el año siete de la batalla. Esto dio pie a que Guillermo del Toro pudiera construir un mundo entero, en el que ya había de todo: desde el programa Jaeger y el plan para construir un muro como resistencia humana, traficantes que hacían negocio con todas las partes de los Kaijus, hasta expertos que por mucho tiempo habían estudiado a estas enormes criaturas que llegaron de otra dimensión gracias a una brecha en el fondo del Océano Pacífico.

Titanes del Pacífico relató el último intento de los humanos a cargo del programa Jaeger para detener a los Kaijus, tras años de lucha y ante la creciente destrucción provocada por los monstruos. A pesar de que la trama llegó a una conclusión épica y sin cabos sueltos con el fin de la brecha, la secuela siempre estuvo en mente de los responsables.

Titanes del Pacífico: La insurrección (Pacific Rim Uprising, 2018), dirigida por el desconocido Steven S. DeKnight, inicia 10 años después de los eventos del filme original y, siguiendo lo hecho por su predecesora, nos vuelve a adentrar a un mundo diferente, donde ahora, y tras la prolongada guerra, el hijo de Stacker Pentecost, Jake Pentecost (John Boyega), trafica partes de Jaegers, preciadas por personas que buscan construir sus propios robots gigantes fuera de la ley. Es así como Jake conoce a Amara Namani (Cailee Spaeny), una jovencita que ha construido su propio Jaeger con el objetivo de poder defenderse cuando suceda la inevitable: el regreso de los Kaijus.

Como suele suceder con las secuelas, Titanes del Pacífico: La insurrección podrá tener nuevos personajes, y desarrollarse en otro tiempo, pero no deja de repetir la estructura de la primera parte. En ese sentido, Jake es similar a Raleigh Becket –el personaje que interpretó Charlie Hunnam y que ni siquiera es mencionado en la secuela–, dado que antes de convertirse en héroes, ambos decidieron abandonar sus respectivas carreras como pilotos Jaeger por motivos personales. La situación de Amara, por su parte, eventualmente remitirá a la de Mako Mori (Rinko Kikuchi), porque también es una huérfana con un pasado trágico relacionado a la guerra Kaiju. Así como buena parte del metraje de Titanes del Pacífico estuvo dedicado a la preparación de Raleigh y Mako, en La insurrección vemos a Jake y Amara integrarse a un entrenamiento Jaeger, destinados a unir sus mentes para salvar a la humanidad.

Es aquí donde el guión de La insurrección empieza a complicarse de manera innecesaria, en parte intentando justificar el previsible nuevo choque entre Jaegers y Kaijus. A diferencia de la original, escrita por Travis Beacham y del Toro, La insurrección tuvo cuatro guionistas y se nota. Por un lado es un intento de rejuvenecer la creciente franquicia, a tal grado que Boyega, Scott Eastwood y Jules Reyes son los veteranos de la resistencia Jaeger, mientras que un puñado de adolescentes, compañeros de Amara, tienen su propia subtrama. Por otra parte, La insurrección hace que nos volvamos a encontrar con caras familiares, como la propia Mako Mori y los hilarantes y adorables científicos Newt (Charlie Day) y Hermann (Burn Gorman); este trío de personajes está involucrado en otra subtrama sobre una corporación, liderada por una mujer china (Jing Tian), que planea desplazar a los Jaegers por drones que ya no necesitan pilotos.

Parte de la riqueza del guión de Beacham y del Toro estaba en el trasfondo de sus personajes y por su puesto en la construcción del mundo post-aparición Kaiju; al mismo tiempo la historia siempre se mantuvo simple y directa: Jaegers (humanidad) vs. Kaijus (alienígenas colonizadores). El guión de La insurrección, al contrario, es un desastre que recicla nociones pero no logra la misma emotividad; desarrolla pobremente a más de un personaje (salvo Amara, ¿alguien realmente se acordará del resto de adolescentes?); y llega a explicaciones que incluso en un universo como el de Titanes del Pacífico resultan insensatas… ¿un villano humano/Kaiju con un mega plan maestro?

Una vez descartado que La insurrección pueda emular el aspecto humano (Boyega siendo el más destacado del reparto) y la singularidad de la primera parte (Hermann mantiene su carisma pero se extraña a un Hannibal Chau o un escenario extravagante como el Hong Kong de la posguerra); la única interrogante restante tiene que ver, obviamente, con las peleas entre robots y monstruos gigantes. La insurrección tiene a bien explorar territorios desconocidos, como Jaeger legal vs. Jaeger no registrado, o una especie de fusión entre Kaijus. Si ignoramos el trasfondo, las batallas son disfrutables, aunque se quedan cortas teniendo en cuenta la gloria visual lograda hace años por del Toro. Que a una cinta como La insurrección le terminen faltando Kaijus dice mucho de un director y un grupo de guionistas que seguramente no aprecian ni conocen el cine de monstruos de la misma manera que el cineasta mexicano.

Texto publicado originalmente en Butaca Ancha (en marzo de 2018).