MAMÁ Y PAPÁ: Brian Taylor y su retorcido thriller sobre unos padres que quieren asesinar a sus hijos

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Los directores Brian Taylor y Mark Neveldine, trabajando en equipo como Neveldine/Taylor, nos introdujeron al asesino a sueldo Chev Chelios en el díptico plagado de adrenalina y testosterona Crank: Muerte anunciada (Crank, 2006) y Crank 2: Alto voltaje (Crank: High Voltage, 2009); exploraron qué pasaría si en un videojuego controláramos a personas reales en la futurista Gamer (2009); y continuaron con la batalla entre Ghost Rider y Satanás en la secuela El Vengador Fantasma 2: Espíritu de venganza (Ghost Rider: Spirit of Vengeance, 2011). 

Eventualmente, Neveldine y Taylor dieron un paso natural y comenzaron a trabajar por separado; Neveldine fue el primero en estrenar un largometraje dirigido en solitario, Exorcismo en el Vaticano (The Vatican Tapes, 2015), mientras que la respuesta de Taylor, Mamá y papá (Mom and Dad, 2017), tuvo su premiere mundial en 2017 como parte de la sección Midnight Madness del Festival de Toronto. En entrevista con Cinema Inferno, Taylor dijo que decidió filmar esta película porque “es algo que no se ha hecho antes, siempre me emocionan cosas así, aunque en algunas ocasiones te das cuenta que hay una razón por la que nunca se han hecho. Es el riesgo que debes tomar”. 

Mamá y papá es la primera cinta de Taylor que tiene como protagonistas a personas ordinarias. Aquí no hay un matón que requiere adrenalina, o electricidad, para mantenerse con vida; tampoco un convicto cuyo cerebro es controlado a distancia por un adolescente; ni mucho menos un motociclista que ha vendido su alma al diablo. Como su título indica, Mamá y papá es sobre una madre (Selma Blair) y un padre (Nicolas Cage), quienes tienen que lidiar con un par de cuestiones por demás mundanas: la crisis de la mediana edad y el temperamento de sus dos hijos, una adolescente (Anne Winters) y un infante (Zackary Arthur). 

Al ser padre de familia, Taylor no podría conocer mejor esta situación. “Cuando procreamos y nos convertimos en padres cumplimos con nuestra razón de vida. Eso funciona muy bien en la naturaleza, si eres un pez o algo por el estilo, pero como humanos, todavía tenemos muchos propósitos de acuerdo con nuestra propia relevancia. No funciona tan bien para los humanos, entonces tenemos a un padre o madre a medias, que no siente pertenencia. Creo que es una verdad universal para cualquier padre, aunque amamos a nuestros hijos, ellos no tienen la culpa”.  

Si bien Mamá y papá muestra la nostalgia que el papá siente por su desenfrenada juventud, o a la mamá añorando los tiempos cuando su pequeña hija era su mejor amiga, muy pronto se revela el verdadero conflicto, propio del cine de género al que Taylor nos tiene acostumbrados. Existe una epidemia, de origen desconocido aunque aparentemente transmitida por las ondas del radio y la televisión, que convierte a los padres de familia en despiadados asesinos, cuyas únicas víctimas son sus propios hijos. Para Taylor, “una gran influencia fue La noche de los muertos vivientes (Night of the Living Dead, 1968). Me encanta que no explican nada, simplemente es un fenómeno con el que tienes que lidiar como lo harías  en la vida real. Hay algunas teorías pero al final no hay una explicación, sólo te quedan los personajes y sus reacciones”. 

En ese sentido, Mamá y papá es un ejercicio en el género del terror que se desarrolla principalmente dentro de la casa de la familia, una vez que papi y mami se han contagiado y están más que dispuestos a descargar toda su ira y frustración en sus descendientes. Toda familia pasa por momentos buenos y malos, aunque en esta cinta el contraste es maximizado, sin olvidar una buena dosis de humor negro. “El cine de género toma cuestiones que son usualmente tratadas como metáforas y las hace reales. Parte de mi estilo, si es que tengo uno, es jugar con diferentes tonos. Es mi naturaleza porque siempre estoy buscando el humor negro en cualquier situación, y eso se traduce en lo que se ve en pantalla. No sé hacerlo de otra forma”, afirmó Taylor.

Finalmente, Mamá y papá tiene otra de las actuaciones desmesuradas de Nicolas Cage, quien ya había sido dirigido por Taylor en El Vengador Fantasma 2: Espíritu de venganza. Si aquella secuela nos mostró a un Johnny Blaze “en esteroides” (¡poseído pero por el espíritu de Chev Chelios!), en Mamá y papá vemos a un Cage que en un instante se puede tornar verdaderamente rabioso, arruinando cualquier intento de (falsa) delicadeza por parte del personaje de Selma Blair. En palabras de Taylor, Cage “es genial, cada día en el set es como un regalo del Dios del cine. Nunca sabes realmente lo que obtendrás, sólo que será placentero. Simplemente soy un admirador de Nic y no podría imaginarme a alguien más en esta película. La clave con él son los pequeños detalles; todos sabemos que puede actuar como demente, pero es la sutileza de su interpretación lo que para mí es más divertido”.