Crítica desde Los Cabos 2019: ‘Marriage Story’

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La primera secuencia de Marriage Story, de Noah Baumbach, no podría (aparentar) ser más amorosa. La voz en off de Charlie (Adam Driver) describe lo grandiosa que es su esposa Nicole (Scarlett Johansson) y viceversa. Es un momento que, a primera impresión, no va a acorde a lo que nos tiene acostumbrados el director de cintas como The Squid and the Whale y Los Meyerowitz: La familia no se elige (Historias nuevas y selectas). Y es que el divorcio, más no una pareja funcional, ha sido claramente uno de los temas predilectos de Baumbach a lo largo de su trayectoria, esto, obviamente, por razones personales: los padres del cineasta se divorciaron cuando era niño y él mismo pasó por este doloroso proceso hace algunos años.

Aunque esa mencionada secuencia inicial podría indicar lo contrario, muy pronto nos damos cuenta del panorama completo: Marriage Story es también una historia sobre el divorcio, de hecho me atrevería a apuntar que es la cinta de Baumbach definitiva sobre el tema.

Charlie es un exitoso director de teatro (aunque lejos de tener dinero de sobra), cuya compañía está a punto de estrenar su primera obra en Broadway; Nicole, por su parte, es una otrora actriz de Hollywood que, eventualmente, se mudó a Nueva York con Charlie y se volvió parte de la compañía teatral de su marido. Por razones que vamos a descubrir poco a poco, la pareja y padres de un niño (Henry, interpretado por Azhy Robertson) ha decidido separarse. Y, dentro de lo que cabe, todo parece que estará bien y que no existirá mayor conflicto, dado que ambos han acordado ni siquiera recurrir a abogados, además, ambos tienen contemplado vivir en Nueva York una vez que ella termine de grabar un piloto de una serie de televisión en Los Ángeles. Sin embargo, Baumbach parece decirnos que así como el matrimonio perfecto no existe, muchísimo menos un divorcio sin problemas.

Una vez que los abogados se involucran y surge una disputa seria porque Nicole quiere permanecer con su hijo en Los Ángeles, mientras que Charlie no planea abandonar Nueva York (en la más pura tradición de Woody Allen, aquí se hace mucho énfasis en esa eterna riña entre NYC y LA), Marriage Story se convierte en un filme desgarrador, aunque –como ya es característico con Baumbach– el humor y los personajes memorables están siempre presentes.

Más allá de Driver y Johansson, ambos de impecable trabajo, se tiene que destacar al ensamble actoral completo, porque los personajes secundarios son esenciales para ese toque genial de la cinta. Julie Hagerty es un deleite como Sandra, la mamá de Nicole que, a pesar de todo, va a continuar tratando a Charlie como su propio hijo. Merritt Wever, como la hermana de la protagonista, se hace notar en la hilarante escena donde Charlie se entera que habrá abogados involucrados en su caso. Laura Dern brilla como Nora, precisamente la experimentadísima abogada que representa a Nicole y a quien sus contrincantes, sí o sí, verán como una “perra”, un término del que Nora seguramente estaría orgullosa. Pero en la otra esquina, ni que decir de Ray Liotta, dando su mejor interpretación en quien sabe cuantos años (en el año de El Irlandés, con Robert De Niro y Joe Pesci de vuelta a la cima, es maravilloso ver que Liotta no se quedó atrás en lo absoluto), como el feroz abogado Jay que defenderá a Charlie y fungirá como el perfecto contrapeso de Nora, luego de que un abogado muchísimo más bonachón (Alan Alda, sensacional como Bert) estaba listo para ceder ante Nora y Nicole y relativamente mantener la paz en la pareja.

Justamente ahí radica la clave de Marriage Story, Baumbach va revelando gradualmente lo peor del divorcio y, al mismo tiempo, de sus protagonistas. Lo que había comenzado como una disputa amigable, sin abogados y por ende sin gastos exorbitantes, llega hasta una secuencia en la que la pareja se insulta horriblemente, no sin antes hacer énfasis brillantemente en cómo cada faceta del proceso del divorcio es peor que la anterior y, una vez que el conflicto legal es real (como en Kramer vs. Kramer, la principal disputa tiene que ver con la custodia del hijo y el punto de vista está más cargado al lado del padre, con destacadas interacciones entre Driver y el pequeño Robertson) absolutamente cualquier cosa puede usarse en tu contra. En Marriage Story el divorcio parece ser sólo la punta del iceberg, porque al final del día, en las relaciones amorosas cada parte tiene (y en este caso esconde) su propia perspectiva, sus propias necesidades. Cuando finalmente Charlie lee las palabras que su esposa le había dedicado, como parte del ejercicio psicológico de enlistar las virtudes de tu pareja de la primera secuencia, ya no habrá vuelta atrás.

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