Crítica desde Fantastic Fest 2019: ‘Tammy and the T-Rex’

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

El primer gran descubrimiento en la décimo quinta edición de Fantastic Fest llegó de la mano del American Genre Film Archive (AGFA) y Vinegar Syndrome, en una versión remasterizada en 4K y sin cortes. Se trata de la película de 1994 Tammy and the T-Rex, que, en su momento, pretendió aprovechar el éxito masivo que un año antes había logrado Parque Jurásico, de Steven Spielberg. 

Dirigida por Stewart Raffill (responsable de ese rip-off de E.T., el extraterrestre: Mi amigo Mac), Tammy and the T-Rex fue censurada para obtener la clasificación PG-13 , por eso el mayor atractivo de esta nueva versión es poder ver las escenas gore en todo su esplendor; sin embargo, el gore es sólo uno de los muchos elementos por los que Tammy and the T-Rex propició una noche memorable y divertidísima para todos los que apreciamos el cine basura más notable. 

La trama es muy sencilla: por un lado, Tammy (una muy joven Denise Richards) es una chica que continúa sufriendo por su ex novio (George Pilgrim como Billy), un tipo bastante violento, celoso y frecuente antagonista del orden público que no descansará para evitar que Tammy establezca una nueva relación amorosa con Michael (el mismísimo Paul Walker años antes de saltar al estrellato con la franquicia de Rápido y furioso).  

Por otra parte, el clásico “científico loco” Dr. Wachenstein (Terry Kiser de actuación delirante) y su bizarro equipo se encuentran trabajando en un ambicioso proyecto que pretende darle vida, por medio del uso de un cerebro humano, a un Tiranosaurio Rex robótico. 

Un tono camp está presente en ambas tramas, la romántica y la jurásica, que inevitablemente se terminan conectando en una secuencia genialmente absurda: tras ser atacado por un león (un acto provocado por Billy), el joven Michael termina comatoso en el hospital, ahí aparecen el loco Dr. Wachenstein y su voluptuosa amante (Ellen Dubin) para engañar a Tammy, a su hilarante amigo homosexual Bryon (Theo Forsett) y al siempre borracho tutor de Michael (John F. Goff) y eventualmente robarse el cuerpo del protagonista con la intención, obviamente, de usar su cerebro para darle vida al T-Rex. 

Es así que Tammy and the T-Rex llega a niveles gloriosos y verdaderamente increíbles, con un par de soportes: el violento, que incluye una explícita cirugía cerebral, tripas por doquier y otros detalles absurdos (ya verán cómo el dinosaurio deja aplastado a un súbdito del doctor); y el romántico, cuya gozosa ridiculez incluye, por ejemplo, una escena donde el Michael/T-Rex ¡le llama desde un teléfono público a su enamorada Tammy! No hay que olvidar esos momentos que beben de King Kong y E.T., el extraterrestre: la protagonista relacionándose con la bestia y protegiéndolo de la policía o esa secuencia en que Bryon y Tammy le dan a escoger a Michael/T-Rex ¡qué cadáver de la morgue le gustaría más como su nuevo cuerpo! 

Podría seguir enlistando otros momentos maravillosos de esta obra cumbre del trash, basta mencionar que la cinta llega a un “candente” final donde Denise Richards, una cámara de video y el cerebro de Michael comparten un baile. Naturalmente, Tammy and the T-Rex debe verse para creerse.

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