Crítica desde Macabro 2019: ‘Mutant Blast’

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

Mutant Blast –ópera prima del cineasta portugués Fernando Alle y co-producción de la legendaria compañía independiente neoyorquina Troma Entertainment (El vengador tóxico, Tromeo y Julieta, Poultrygeist: Night of the Chicken Dead, entre muchos otros clásicos)– utiliza uno de los escenarios cliché por excelencia del cine de terror: el mundo postapocalíptico plagado de zombies. 

Sin embargo, la palabra zombie es censurada durante buena parte del metraje en un ejemplo del afilado sentido del humor del director, quien de igual forma está plenamente consciente de esos lugares comunes del cine de género en los que se está adentrando: las criaturas antagonistas técnicamente no son muertos vivientes, sino humanos mutados tras un fallido experimento militar pero tienen características idénticas a un zombie.  

En Mutant Blast, un hombre (Pedro Barão Dias) despierta tras una farra y gradualmente recuerda que el apocalipsis zombie alcanzó a sus amigos de manera brutal; en otra parte, una joven soldado (Maria Leite) con una agenda clara tiene que resguardar al único mutante perfecto: un súper soldado de impresionante fuerza (Joaquim Guerreiro), la aparente solución ante los zombies que no son zombies. Cuando el camino de este par de personajes se cruza, Alle pisa el acelerador para llevarnos hacia cierto rumbo y luego cambiar la dirección totalmente, algo que es constante en 80 minutos de impredictibilidad, absurdo y locura. 

Justo ahí radica la valía y el disfrute de Mutant Blast: pasa de ser un onírico y violento cuento de hadas, a una sátira de esos hombres que controlan el mundo, y, como su título lo indica, resulta un imaginativo desfile de mutantes que incluye, por ejemplo, el momento cuando la radioactividad provoca que al protagonista le crezca ¡una rata viva en lugar de mano! Que esta marioneta roedora sea un personaje adorable y memorable parece difícil de creer, sin embargo no hay otra forma de describirlo.

Con ésta y muchas otras ocurrencias dementes –esa otra rata gigante de apariencia kaiju, una genial y enamorada langosta francesa que odia a los delfines porque estos mamíferos marinos son en realidad unos hijos de la chingada, y hasta una crítica a la naturaleza destructiva del ser humano–, los clichés iniciales quedan sepultados por completo en un festín splatter con efectos prácticos, absurda diversión e inagotable imaginación (¡hay una secuencia musical animada!). Mutant Blast es una de las películas más disfrutables en las que ha estado involucrada Troma desde su magistral musical de los pollos zombie estrenado en el ya lejano 2006.

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