Críticas desde Macabro 2019: ‘Funeral siniestro’ y ‘El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad’

Por Eric Ortiz García (@EricOrtizG)

La retrospectiva de la décimo octava edición de Macabro: Festival Internacional de Cine de Horror de la Ciudad de México (Macabro FICH) está dedicada al cineasta colombiano Jairo Pinilla, quien afirmó que su ópera prima Funeral siniestro, de 1977, representó la primera aportación de su país al género del thriller. Y precisamente, más que un filme de terror, la minimalista Funeral siniestro recurre al suspenso, a la sugestión y al malvibre. 

La intriga central comienza tras el funeral de un hombre que nunca vemos, éste dejó una pugna que involucra sobre todo a su última pareja, Lucrecia (Derly Díaz), quien buscará a toda costa quedarse con la herencia: una hacienda a las afueras de Bogotá, Colombia. Lo curioso, y donde recae el núcleo de la película, es que la principal “adversaria” de Lucrecia es Isabel (Constanza Rincón), su pequeña hijastra y la única descendiente del hombre muerto. 

Funeral siniestro nos revela a Lucrecia como una mujer doble cara, amoral, capaz de ser un amor a la mirada del hermano del difunto (Humberto, interpretado por el propio Pinilla), luego, sin nadie a su alrededor, no escatima y actúa como una verdadera hija de la chingada con la niña protagonista y con otro jovenzuelo (Carlos Rodríguez Jr.), ayudante en la hacienda. La audiencia sabe las verdaderas intenciones de Lucrecia, de su amante, su participación en la muerte de su marido y, por su puesto, lo que le tiene preparado a la niña. Será cuestión de tiempo para que los demás personajes noten el peligro que representa esta mujer.

La mayor sorpresa de Funeral siniestro sucede cuando, al intentar aniquilar de una vez por todas a la pequeña Isabel, la villana termina sufriendo un accidente mortal. ¿Hay algo paranormal con el cadáver de esta madrastra? ¿Será que todavía después de la muerte seguirá atormentando a la infante? Pinilla juega con estas ideas en un clímax  que, como ya apuntaba, se apega a la sugestión y al suspenso más que a cualquier elemento explícito relativo al terror. 

Funeral siniestro es una valiosa curiosidad, cuyo minimalismo y coherencia contrasta por completo con el más reciente trabajo de Pinilla, presentado el mismo día como función secreta de Macabro. Desde el título triple se puede anticipar algo épico, pero, créanme, los resultados nos llevan a niveles totalmente inesperados (aunque quizá los súper expertos en el trabajo de Pinilla digan lo contrario). 

El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad (no es broma) es, probablemente, la mejor peor película que he visto desde Polos, la joya de Alan Coton, esta última también presentada en un festival de cine de género: Feratum 2013. No es fácil llegar a estas alturas, no cualquier cinta logra ser así de notable, no cualquier cineasta se atreve a subir el volumen más allá del 11. 

La trama de El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad va sobre un triángulo amoroso: la voluptuosa amante de un hombre (a quien usualmente vemos en paños menores) decide recurrir al satanismo, a un conjuro por medio de un juguete, para que finalmente el tipo abandone a su esposa y a su pequeña hija y, así, sea feliz a su lado. Podría parecer increíble pero de aquí parte un hilarante panfleto anti drogas, anti Internet, que liga por igual conceptos como el satanismo y el vampirismo a todo el mal de la sociedad actual, particularmente a los suicidios (si eres satánico y te drogas eventualmente te vas a querer quitar la vida como si fueses vampiro: ¡succionando tu propia sangre!), al narcotráfico e, incluso, a sucesos como ¡el reciente incendio de la catedral de Notre Dame! 

La versión presentada en Macabro fue un work-in-progress que es notable por su terrible hechura. Un ruido horrible casi deja sordos a los asistentes en cada corte abrupto de la edición, un trabajo de audio infame que se escuchaba disparejamente por las bocinas de la Cineteca Nacional, efectos especiales (por si fuera poco es una película en 3D) y un risible doblaje de voz (en especial el de la chavita protagonista) como de work-in-progress pero de sonoridad definitiva.

Lo más memorable de El espíritu de la muerte: poder satánico, el azote de la humanidad es que una vez entendido su propósito –el rant religioso y conservador que nos alecciona sobre los peligros del Internet, las drogas, el satanismo y el vampirismo, para así acercarnos al camino del Señor–, que disfrutamos sus delirantes elementos propios del subgénero del terror sobre posesiones (¡esas patas de cabra y las apariciones del diablo en 3D! ¡Las expertas en lo paranormal que ya están acostumbradas a atender drogadíctos poseídos por el demonio!), la película todavía tiene un as más bajo la manga. Cuando nadie lo esperaba, cuando parecía que las luces de la sala estaban a punto de encenderse, cuando satanás ya se había salido con la suya, Pinilla sube el volumen un par de niveles más y le añade otra capa a este festín de lo absurdo: usando el video de un cumpleaños y la cinta original de la grabación para cambiar —por medio del poder de la mente— una decisión del pasado que, naturalmente, alterará el presente. Esta cumbre del sinsentido, sin duda, te lleva directo al pódium de lo mejor de lo peor.

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