Crítica desde Cannes 2019: ‘Lux Æterna’

Por Eric Ortiz García

Gaspar Noé volvió al Festival Internacional de Cine de Cannes para presentar una película de sólo 50 minutos: Lux Æterna, un extraño experimento que se centra principalmente en exhibir el nivel de caos al que puede llegar un rodaje cinematográfico, luego de mostrar una frase relacionada con la epilepsia, algunas otras pronunciadas por cineastas legendarios, y material de archivo de una película en blanco y negro sobre la quema de brujas en épocas pasadas (Day of Wrath, del danés Carl Theodor Dreyer).

Con un toque de metaficción y varias autoreferencias, en Lux Æterna Béatrice Dalle interpreta a Béatrice, una directora que se encuentra rodando una secuencia de una quema de brujas protagonizada por la actriz Charlotte (Charlotte Gainsbourg). Otro personaje en el set, por ejemplo, es interpretado por el joven Karl Glusman (también protagonista de Amor) y parece estar inspirado en el propio Gaspar Noé, porque se trata de un director de cine que intenta convencer a Charlotte de que actúe en su proyecto, el cual, le dice a la actriz, utilizará la técnica de split screen o pantalla dividida.

Una gran parte de Lux Æterna utiliza la split screen, no para generar suspenso al tener dos perspectivas diferentes de una secuencia (como lo hace el maestro de esta técnica Brian De Palma en, por ejemplo, Sisters), sino que Noé la usa para representar ese caos inherente a una filmación: el director de fotografía está conspirando a las espaldas de la directora (mientras otro tipo la está grabando en todo momento a ver si hace algo erróneo), la actriz Charlotte parece más preocupada por lo que le pasa a su hija que por la escena, en ocasiones unos hablan en inglés y otros en francés, y un par de perspectivas de este caos suelen estar al mismo tiempo en la pantalla. Así, podemos decir que en buena medida, Lux Æterna es la Irma Vep de Noé, referencia a esa genial cinta noventera de Olivier Assayas donde también una actriz (Maggie Cheung) interpretaba una versión ficticia de ella misma en medio de un rodaje problemático.

Sin embargo, una vez que la directora Béatrice por fin se dispone a filmar la escena de las brujas, Lux Æterna hará que recordemos esa frase inicial sobre la epilepsia, convirtiéndose en un experimento netamente visual con el que Noé nos “ataca” violentamente con una fuerte dosis de luces impertinentes. Un ejercicio no apto para epilépticos.

Lux Æterna pudo ser más, un largometraje que ahondará en sus personajes, en el rodaje caótico, en el tema de la cacería de brujas y el cine mismo, pero la intención de Noé fue otra, tan fascinante como desconcertante y seguramente insatisfactoria para los que buscan mayor narrativa y carga dramática.

Texto publicado originalmente en Chilango.

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